Hoy he visto a Arturo Pérez Reverte salir del Instituto Goya de Zaragoza, lo juro.
Iba acompañado de otras dos personas que no he podido reconocer, camino de la cafetería que se encuentra frente al centro docente, en la acera opuesta de la Avenida de Goya.
Si no era él, se le parecía mucho... mucho, mucho.
Acaba de caer en mis manos el nuevo disco de Sigur Rós (Trakk..., 2005).
Más digerible que los dos anteriores posee un mayor cuerpo melódico "tradicional".
Cajitas de música...
Eduardo Mendoza afirma en su columna del día de hoy de «El País» que, ante la manida pregunta de qué libro salvaría Usted si naufragara en una isla desierta, él preferiría morir en el naufragio a salvar uno sólo.
Es una bonita forma de definir el amor a la lectura.
El de Vashti Bunyan, artista folk inglesa de finales de los 60 que, tras más de tres décadas en silencio y tras ser reivindicada por los modernos gurús del new-folk, nos regala este bucólico «Lookaftering».
Una pequeña joya para todos aquellos que disfrutamos con una voz cristalina y aniñada y unos sencillos arreglos de cuerda.
Bajo tan ligera cobertura, Vashti nos habla del amor, del tiempo pasado, de su hijo. Historias cercanas condensadas en píldoras de apenas tres minutos. Precioso.
(Me) causa vergüenza ajena leer determinados artículos de Francisco Umbral en la contraportada de El Mundo. Y no es, lo juro por Snoopy, una cuestión de afinidad política, los dioses lo saben, sino más bien ética o estética.
Me refiero particularmente a aquellas columnas convertidas en verdaderas hagiografías en que alude, con indisimulada admiración, al director de su periódico, ora por la concesión de un premio, ora por la reedición en papel de sus exitosas experiencias desde/contra/con el Poder.
Si en la Enciclopedia Británica, tan querida de su querido Borges, o en el Diccionario de la RAE, de sus tan vilipendiados académicos patrios, buscamos la palabra “servilismo” seguramente encontremos una foto de Umbral.
Me da pena, de verdad.
Hoy vuelvo a disfrutar de “El Crepúsculo de los Dioses” (Sunset Blvd), la ácida y genial película de Billy Wilder de 1950. Como a un familiar enfermo, la suelo visitar de vez en cuando, y hoy la encuentro mejor que nunca.
Acompañado de un chupito de Jack Daniels paladeo la fina ironía de los diálogos (¡Ah, el toque Wilder!), los cameos de esos personajes inmortales del cine mudo... y sobre todo del final, de ese inm(t)enso último minuto genial de la cinta, de ese -quizás- más desolador y terrible final que se haya filmado nunca.
Y pienso en cuantas (y cuantos) Norma Desmonds salen diariamente de sus sunsets boulevards patrios y se acercan a los platós rosas y suplican, a cámara lenta, dign@s, altiv@s, orgullos@s, pero sobre todo grotesc@s... que están listos para un nuevo primer plano, señor De Mille.
Pues érase que se era en una ciudad española que pretende ser la envidia del mundo con motivo de una Exposición Universal que se celebrará en 2008, que el colectivo de taxistas tomó la iniciativa de modernizar su sector de cara al gran evento, traduciendo al inglés la tarifa de precios que debe estar expuesta obligatoriamente en los vehículos.
“Cogimos un programa de internet e hicimos las traducciones”, explica ufano el presidente de la Asociación Provincial del Taxi en la prensa local. Y así, tirando de babelfish, dedujeron que la “Estación de Delicias” debía ser “Station Delights” en lugar de “Delicias Station”; y que la “Feria de Muestras” habría de traducirse como “Fair of Samples” y no “Exhibition Centre”; así como -entre otras perlas- que un animal doméstico es un “animal domestic” en la lengua de Saquespeare, y no un “pet”.
“Ya nos han avisado y vamos a corregirlo”, afirma el mentado presidente, que añade que “el año próximo recurrirán a un titulado para hacer una correcta traducción”.
La consecuencia: 1.715 vehículos con licencia de taxi paseando por toda la ciudad durante todo un año una traducción macarrónica de sus tarifas, todo por ahorrarse una perricas... unas tarifas que, por cierto, fueron aprobadas en su día por una comisión económica del Excelentísimo Ayuntamiento de la Inmortal Ciudad en la que nadie, al parecer, tiene un mínimo conocimiento de inglés, asesores incluidos.
La España bizarra que no cesa.
Una frase tomada de una entrevista a Luis Antonio de Villena que publica hoy El Mundo:
"Echo de menos esa época [...] porque la Transición fue o parece más libre que ahora, y porque uno siempre quisiera volver a los días felices, que cuando fueron no te parecieron tan felices [...] La madurez (y la Historia) vuelven más fea la vida".
Imposible describir de forma más certera mis sentimientos acerca de la tan traída y llevada Transición.