Hoy vuelvo a disfrutar de “El Crepúsculo de los Dioses” (Sunset Blvd), la ácida y genial película de Billy Wilder de 1950. Como a un familiar enfermo, la suelo visitar de vez en cuando, y hoy la encuentro mejor que nunca.
Acompañado de un chupito de Jack Daniels paladeo la fina ironía de los diálogos (¡Ah, el toque Wilder!), los cameos de esos personajes inmortales del cine mudo... y sobre todo del final, de ese inm(t)enso último minuto genial de la cinta, de ese -quizás- más desolador y terrible final que se haya filmado nunca.
Y pienso en cuantas (y cuantos) Norma Desmonds salen diariamente de sus sunsets boulevards patrios y se acercan a los platós rosas y suplican, a cámara lenta, dign@s, altiv@s, orgullos@s, pero sobre todo grotesc@s... que están listos para un nuevo primer plano, señor De Mille.